Pablo NavarroVIEW PROFILE →
El principio del fin de las contraseñas: por qué 2026 es el año en que las passkeys se vuelven mainstream
Con 5.000 millones de passkeys ya en uso y el 75 % de los usuarios que han activado al menos una, la autenticación sin contraseña deja de ser una promesa para convertirse en la nueva norma de la ciberseguridad.
Una vieja debilidad llamada contraseña
Durante décadas, la contraseña ha sido la primera y a menudo única línea de defensa de nuestra vida digital. Pero también ha sido, paradójicamente, uno de sus mayores puntos débiles, vulnerable al robo, al phishing y a la simple pereza de quienes repiten la misma clave en decenas de servicios distintos.
Precisamente por eso, la industria tecnológica lleva años buscando un sustituto más seguro y cómodo. Ese sustituto tiene ya un nombre claro, las passkeys, y en 2026 ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una realidad cada vez más extendida y presente en el día a día de millones de personas.
Cifras que marcan un punto de inflexión
Los datos del último informe de la FIDO Alliance, elaborado a partir de una encuesta a once mil consumidores y mil cuatrocientos responsables empresariales en diez países, no dejan lugar a dudas sobre la magnitud del cambio que se está produciendo en la forma en que accedemos a nuestras cuentas.
Según ese estudio, existen ya aproximadamente cinco mil millones de passkeys en uso activo en todo el mundo. Es una cifra que, hace apenas unos años, habría parecido completamente impensable para una tecnología que muchos consideraban todavía experimental y claramente minoritaria.
La conciencia sobre esta tecnología también se ha disparado con fuerza. El noventa por ciento de los consumidores ya conoce las passkeys, frente al setenta y cinco por ciento del año anterior, y apenas un siete por ciento afirma no estar familiarizado con ellas en absoluto.
El uso real acompaña además a ese mayor conocimiento. Un setenta y cinco por ciento de los usuarios ha activado al menos una passkey en alguna de sus cuentas, mientras que casi la mitad, un cuarenta y nueve por ciento, las utiliza ya de forma habitual siempre que le resulta posible.
Las empresas también se suman

El fenómeno no se limita en absoluto a los usuarios particulares. Un sesenta y ocho por ciento de las organizaciones ya ha desplegado, está probando o está implantando las passkeys para el inicio de sesión de sus empleados, una señal de que el mundo corporativo ha entendido perfectamente el mensaje.
Buena parte de esta adopción se apoya en sistemas que ya llevamos en el bolsillo. Plataformas nativas como iCloud Keychain de Apple, el gestor de contraseñas de Google o Microsoft Entra ID cubren ya la mayoría de los dispositivos de trabajo, facilitando enormemente una transición que podría haber sido mucho más lenta.
Este respaldo de los grandes fabricantes resulta absolutamente clave. Cuando las tres compañías que dominan los sistemas operativos personales y empresariales apuestan por la misma tecnología, la adopción deja de depender de cada usuario y se convierte en algo casi inevitable a medio plazo.
Cómo funcionan y por qué son más seguras
A diferencia de una contraseña, una passkey no es algo que el usuario deba recordar ni escribir. Se basa en la criptografía y en la autenticación del propio dispositivo, normalmente mediante la huella dactilar, el reconocimiento facial o el código de desbloqueo del teléfono o el ordenador del usuario.
Esa diferencia técnica tiene consecuencias enormes para la seguridad. Al no existir una clave que se pueda teclear, robar o filtrar en una brecha de datos, los ataques de phishing más habituales pierden buena parte de su eficacia frente a este nuevo y más robusto método de acceso.
Los beneficios, además, no son solo teóricos. Google ha llegado a informar de que los inicios de sesión con passkey tienen aproximadamente cuatro veces más éxito que los realizados con contraseñas tradicionales, combinando así una mayor seguridad con una experiencia notablemente más cómoda y rápida.
Una transición imparable
El impulso institucional ha acelerado de forma decisiva todo el proceso. Google convirtió las passkeys en opción por defecto para las cuentas personales en octubre de 2023, y Microsoft siguió sus pasos en mayo de 2025, registrando después un crecimiento del ciento veinte por ciento en su uso.
Todo apunta, por tanto, a que la era de la contraseña se acerca lentamente a su fin. La transición no será inmediata ni estará exenta de dudas, pero 2026 quedará como el año en que la autenticación sin contraseña dejó de ser el futuro para convertirse, por fin, en el presente para el gran público.






